Procopia

"Cada año en mis viajes hago alto en Procopia y me alojo en la misma habitación de la misma posada... Estoy seguro de que la primera vez no se veía a nadie... Al cabo de un año eran tres sobre el murete, y al regresar vi seis, sentados en fila, con las manos sobre las rodillas... Cada año, apenas entraba en la habitación levantaba la cortina y contaba algunas caras más... Se asemejan, parecen amables... Pronto vi todo el puente lleno de gentes de cara redonda, en cuclillas porque ya no tenían más lugar para moverse... Finalmente este año, al levantarse la cortina, la ventana sólo encuadra una superficie de caras... El cielo mismo ha desaparecido. Más vale que me aleje de la ventana".

Las ciudades invisibles
Procopia (Fragmentos)
Italo Calvino

lunes, 20 de enero de 2014

Aedos


Parece que esten enfadados..., pero no, ¡cantan!. Con las bocas bien abiertas eso si, para que todos podamos escucharles y si puede ser entenderlos. Serios y concentrados, una masa homogénea de cabezas peladas pero no huecas.





"AEDOS"
Obra gráfica
Serigrafía
Papel japón Kozo
(2013)

Los himnos homéricos eran recitados ante un público exigente como preludios a los recitales de rapsodias cantadas en competiciones de recitadores profesionales, esto es, de aedos o poetas y rapsodos.

Los aedos eran poetas profesionales en la grecia antigua, que participaban en certámenes que se celebraban con motivo de las fiestas religiosas o en ocasiones especiales, colaborando en coros locales. Pertenecian al gremio de poetas y pasaban de una generación a otra, descendían de alguien ilustre y se les denominaba “homeríadas”.

En la poesía épica presentaban a estos aedos ciegos, pero tratados con respeto de rango social elevado incluso se les encomiendaba misiones delicadas, acudiendo a la invitación de los gobernantes o a festivales de otras ciudades.

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